Dr. Álvarez Leiva

CEUTA: Una catástrofe humanitaria en territorio español.

Tres tiempos de una crisis que desbordó la frontera y terminó ocupando toda la ciudad

Escribo estas líneas desde la observación directa. Una vez más, mi vida profesional me ha situado dentro de una crisis: cerca de las personas afectadas, de los equipos que intentan organizar la respuesta y de unas instituciones obligadas a decidir con información incompleta. Ceuta vive una catástrofe humanitaria en territorio español. La afirmación es deliberada y responde a un criterio técnico: existe catástrofe cuando las necesidades generadas por un acontecimiento superan, de forma grave y persistente, las capacidades disponibles para atenderlas.

Eso es exactamente lo que ha ocurrido. Una ciudad estructuralmente vulnerable recibió, en muy pocas horas, una demanda humana, asistencial, logística, de seguridad y protección muy superior a sus posibilidades inmediatas. La entrada masiva fue el impacto visible. La catástrofe había comenzado antes y continúa después.

Primer tiempo: la crisis que se estaba formando

Las crisis rara vez empiezan el día en que explotan. Antes aparecen señales, cambios de comportamiento y pequeñas alteraciones que, consideradas aisladamente, parecen soportables. Ceuta llevaba años acogiendo menores migrantes y conocía la presión propia de una frontera europea situada en el norte de África. Su territorio limitado, la escasez de espacios, la dependencia de los traslados a la Península y una capacidad de acogida ya tensionada conformaban una vulnerabilidad previa.

Durante las semanas anteriores al 30 de julio aumentaron las entradas a nado y circularon en las redes sociales mensajes, instrucciones e imágenes de quienes habían alcanzado Ceuta. La cronología difundida por El Faro de Ceuta, a partir de la información expuesta en el Congreso y atribuida al Estado Mayor de la Defensa, describe una primera fase de concentración progresiva y generación de expectativas. Con independencia de la interpretación geopolítica, desde la gestión de crisis el significado era claro: la presión crecía y el margen de seguridad disminuía.

Una catástrofe surge de la interacción entre impacto y vulnerabilidad. El impacto desencadena el daño; la vulnerabilidad determina su alcance. Ceuta estaba expuesta, disponía de poco espacio para absorber una llegada extraordinaria y carecía de tiempo suficiente para transformar sus capacidades ordinarias en una organización de crisis.

Segundo tiempo: la explosión y el tempo caótico

El 30 de julio se produjo la ruptura del equilibrio. Las estimaciones públicas hablan de varias decenas de miles de personas cruzando la frontera en pocas horas. Familias, adultos, jóvenes y menores avanzaron impulsados por una mezcla de urgencia, oportunidad y esperanza. A partir de ese momento, la cifra exacta dejó de ser un dato seguro. Contar, identificar, clasificar, proteger, alimentar y alojar a tantas personas, con llegadas simultáneas y movimientos continuos, se convirtió en una tarea casi inabarcable.

Comenzó el tempo caótico: ese intervalo crítico entre el impacto y la llegada de una respuesta suficientemente organizada. Durante ese tiempo se decide mucho con muy poca información. Se habilitan espacios, se moviliza personal, se buscan alimentos, ropa, aseos, transporte, comunicaciones y seguridad. Cada solución abre una necesidad nueva. La asistencia depende entonces de la capacidad de improvisar con método, establecer prioridades y sostener la operación mientras llegan refuerzos.

Detrás de las cifras había personas. En los centros he visto niños de apenas nueve años y adolescentes enviados, alentados o dejados partir por sus familias con la esperanza de que Europa les ofrezca un futuro mejor. Para muchos, Ceuta constituye una etapa; la Península, otra; Europa es el destino imaginado. Algunos llegan agotados, desorientados o enfermos. Otros muestran conductas exigentes, rechazo a las normas o una aparente falta de interés. Resulta fácil juzgarlos desde fuera. Desde dentro se percibe una realidad más compleja: adolescencia, ruptura familiar, choque cultural, miedo, aburrimiento y expectativas muy alejadas de lo que realmente encuentran.

La presencia de numerosas chicas, poco habitual en episodios anteriores, añadió necesidades específicas de protección, intimidad, higiene y acompañamiento. La crisis migratoria se convirtió rápidamente en una crisis de infancia.

Tercer tiempo: la catástrofe que permanece

Una parte importante de quienes entraron regresó a Marruecos. La imagen inicial perdió intensidad, aunque el problema permaneció. Hoy seguimos desconociendo con precisión cuántas personas llegaron, cuántas continúan en Ceuta y cuántas permanecen fuera de cualquier recurso. La indeterminación forma parte de la propia crisis: sin una cifra compartida resulta difícil dimensionar recursos, anticipar necesidades y construir una conciencia situacional común.

SAMU trabaja actualmente en siete centros de acogida, uno de ellos destinado a chicas. He recorrido espacios concebidos para decenas de menores que albergan ahora a centenares. Hemos tenido que reabrir centros, adaptar infraestructuras, incorporar profesionales con enorme rapidez y mantener una logística permanente de alimentación, higiene, ropa, lavandería, salud, transporte y seguridad. La respuesta se ha articulado como Operación VICTORIA, una organización extraordinaria y temporal para gestionar una excepcionalidad humanitaria, jamás una situación ordinaria.

He comprobado cómo cada plaza habilitada es ocupada de inmediato y cómo un centro estabilizado al anochecer vuelve a estar bajo presión al día siguiente. Es el efecto esponja de una demanda que continúa

activa: cuando una parte del sistema se estabiliza, aparecen nuevas personas y nuevas necesidades. La presión deja de ser concentrada y fronteriza para hacerse dispersa, cotidiana y social.

También crece la crispación ciudadana. Ceuta es una ciudad pequeña y la salida simultánea de cientos de jóvenes hace extraordinariamente visible su presencia y modifica la vida diaria de calles, comercios y barrios. Resulta imposible mantenerlos permanentemente dentro de los centros; además, la acogida exige algo más que alojamiento. Necesitan actividad, educación, disciplina, acompañamiento y un proyecto. A la vez, la población ceutí tiene derecho a la seguridad, a la convivencia y a recuperar su vida cotidiana. Proteger a los menores y comprender el cansancio de la sociedad receptora forman parte de una misma responsabilidad.

El futuro inmediato

Durante las próximas semanas la crisis puede evolucionar hacia problemas de protección, convivencia, salud pública, seguridad o agotamiento profesional. Si el ritmo de nuevas incorporaciones supera al de los traslados y las salidas organizadas, la sobresaturación seguirá creciendo. Abrir camas aliviará el presente; la solución exige, además, derivaciones ágiles, espacios adecuados, información fiable, refuerzo profesional, coordinación institucional y una logística capaz de sostenerse en el tiempo.

Una vez más, reconozco la misma anatomía que he observado en otras catástrofes: la vulnerabilidad precede al impacto, el tempo caótico castiga la tardanza y la logística sostiene todo aquello que la voluntad inicia. Cada esfuerzo cuenta, desde el trabajador que acompaña a un menor hasta la institución que habilita un recurso o facilita un traslado. Sin embargo, la suma de generosidades necesita organización, dirección y continuidad.

Ceuta se encuentra ante algo más profundo que una emergencia migratoria. Es una tragedia humana que afecta a quienes llegan, a quienes los reciben y a quienes intentan mantener en pie la respuesta. La entrada masiva terminó. La catástrofe continúa. Nuestra obligación consiste en mirarla de frente, llamarla por su nombre y actuar antes de que vuelva a superar, una vez más, nuestra capacidad de respuesta.

Referencias de apoyo

Echarri, C. (2026). «La radiografía del ataque de Marruecos a Ceuta: las 3 fases del mayor desastre». El Faro de Ceuta, 26 de agosto de 2026.

UNICEF España. «Niños migrantes no acompañados». 

Ciudad Autónoma de Ceuta (2025). «Ceuta acoge a 528 menores migrantes cuando la capacidad ordinaria es de 27: “La ciudad sola no puede”». 

Fecha de situación: 27 de agosto de 2026